Con rindes de hasta 7.004 kilogramos por hectárea y niveles de proteína dentro del rango industrial, se evalúan materiales comerciales y nuevas líneas genéticas para fortalecer la competitividad exportadora y mejorar la respuesta sanitaria del cultivo.
Los ensayos coordinados por el INTA Bordenave -Buenos Aires- junto con la Cámara de Cerveceros Argentinos mostraron en las últimas tres campañas un promedio de calibre superior al estándar comercial exigido para malta.
En un mercado donde la precisión es la regla, el 90 % de granos con tamaño de primera (calibre) obtenido en las últimas tres campañas se convierte en la carta de presentación de la cebada argentina. Este indicador, que mide el grano retenido sobre una zaranda de 2,5 mm, supera con creces el mínimo del 85 % exigido por la norma de comercialización para que el cereal sea considerado maltero.
Para el INTA Bordenave y la Cámara de Cerveceros Argentinos (que integra a firmas como Boormalt, AbInbev y Cerfoly), este resultado es el fruto de una alianza estratégica de casi dos décadas. Cada campaña, el set de materiales evaluados se compone de entre 12 y 14 cultivares comerciales que funcionan como testigos de los ensayos a los que se suman hasta tres líneas experimentales aportadas por cada participante en, al menos, tres ambientes de evaluación diferentes.
Esta estructura permite que materiales históricos como Andreia (inscripto en 2011) convivan en los ensayos con novedades genéticas como Beatriz INTA, cuya inscripción data de 2026, permitiendo una comparación real de la evolución del cultivo.
Germán González —investigador del INTA Bordenave y especialista en mejoramiento genético de cereales forrajeros— explicó que el éxito de la Red no se mide solo en kilos sino en la capacidad de esos granos de transformarse en malta de exportación.
“La producción de cebada con destino cervecero posee características propias y requiere materiales que cumplan requerimientos industriales específicos”, señaló el técnico. Los números respaldan su visión: el rendimiento promedio alcanzó los 6342 kilos por hectárea, con el cultivar Florence marcando un techo de 7004 kilos por hectárea.
Además de este máximo, otros cultivares como Fender, Malkia, Beatriz INTA, Verónica INTA y Overture se posicionaron en productividad al superar la media de la red.








