Combatir la roya amarilla y sopesar los rendimientos

«El último fenómeno de lluvias fue bastante generalizado en la región pero si hay diferencias entre las localidades, pero en todas hubo algo de agua. Si se ve la situación hídrica de los campos, es bastante crítica y sobre todo hacia el oeste en donde hay suelo con tosca», explicó Andrés Corró Molas, jefe de la AER General Pico de INTA.

Esta sequía genera un impacto sobre el cultivo de cosecha fina, que tuvo una fuerte apuesta al trigo que ahora están en sus últimas etapas de llenado y aunque les quedan unos días más los rendimientos ya están bastante definidos. Si aumenta la temperatura, analizó, el tiempo de llenado se reduce y se acelera el secado del cultivo.

En las enfermedades, manifestó, hay presencia de roya amarilla y la decisión difícil es pensar si con el rendimiento por debajo de la media de es viable seguir invirtiendo en proteger el cultivo.

«Hay lotes, los peores, que pasan a pastoreo y otros en los que todavía van a tener un aporte de rendimiento y se cuidan más», dijo.

En cuanto a la gruesa, con el agua llovida hasta ahora con 20 milímetros, octubre no sirvió para recargar los perfiles de suelo. Esto potencia la dependencia de los cultivos que se siembren ahora de las precipitaciones de diciembre y enero. Las situaciones son diferentes, porque en donde se hizo barbecho largo se acumuló más humedad, mientras que en lugares con cobertura seca la superficie está seca y no se conecta la humedad con las capas más profundas.

Para la soja de noviembre, analizó Corró Molas, con la inestabilidad climática puede servir para diversificar pensando en una estrategia defensiva con siembras tardías. Junto con el maíz de diciembre.