Las exportaciones no aseguran márgenes amplios

El resultado de las exportaciones pone al agro como uno de los sectores beneficiados, sin embargo la realidad de las empresas expone una realidad más complicada para analizar.

Entre los análisis posibles, la consultora Zorraquin + Meneses explicó: En las últimas semanas se consolidó una idea bastante extendida que refiere a que el sector agropecuario sería uno de los beneficiarios del actual esquema económico por su nivel de actividad. Los números, especialmente los vinculados a exportaciones, ayudan a sostener esa percepción. Pero cuando uno corre el foco de las estadísticas y se acerca a lo que está ocurriendo en las empresas, lo que se observa es distinto.

La campaña en curso, aún sin cerrar, combina una cosecha potencialmente récord con riesgos concretos, indicaron. Las lluvias demoraron las labores de cosecha, complicaron a la ganadería y a los tambos en distintas zonas, introdujeron incertidumbre sobre la calidad de lo cosechado y agregaron tensión en la logística. En paralelo, la suba de los combustibles generó conflictos operativos concretos, como las recientes dificultades para acceder a los distintos puertos, generando pérdidas relevantes en plena ventana comercial. A esto se suma un frente internacional mucho más inestable y de duración, consecuencias y final abierto. Los conflictos de Medio Oriente comienzan a trasladarse a costos: Suben los fletes locales e internacionales, los seguros, los fertilizantes y otros insumos clave. En un negocio de márgenes ajustados, estos movimientos, no son de impacto menor.

Sin embargo, el punto más relevante no pasa sólo por lo coyuntural. Distintas economías regionales muestran señales claras de deterioro. La industria láctea en plena reconversión, la vitivinicultura atravesando una situación compleja, la fruticultura muy golpeada y la cadena del maní enfrentando números negativos. Lo mismo ocurre en eslabones como la distribución de insumos, donde los propios actores, en su último congreso,  reconocen una fuerte compresión en sus márgenes de distribución. 

A este cuadro se suma un factor transversal: El tipo de cambio. Nuestra moneda, el peso, por alguna razón en estos meses tiende a apreciarse (baja el tipo de cambio) generando lo que solemos llamar un atraso cambiario o un dólar atrasado,  que impacta de lleno en la competitividad exportadora. Por un lado, encarece los costos medidos en dólares; por el otro, reduce la capacidad de pago de los productos exportados. La consecuencia es una presión creciente sobre toda la cadena agroindustrial. El mercado interno tampoco ofrece gran alivio. La caída en el consumo, especialmente en la industria alimenticia, agrega una capa adicional de complejidad para empresas que ya operan con márgenes estrechos.

En síntesis, conviven hoy dos miradas sobre el agro. Una, apoyada en los grandes números, que sugiere un sector fortalecido. Otra, más cercana a la realidad operativa de las empresas, que refleja tensiones crecientes y resultados cada vez más ajustados o directamente negativos, dependiendo el vertical que se analice. Entender esa dualidad —y no quedarse sólo con la foto— es clave para interpretar correctamente lo que está pasando, consideraron desde la consultora.