El productor puede optar por hacer una prueba propia de germinación antes de invertir en forma directa en la siembra, pensando en que la sequía y las aplicaciones han generado un nivel de fitotoxicidad en los suelos.
“Pensando en la próxima campaña de trigo, que ya se viene en mayo, hay algunas cosas que pasaron y dejaron consecuencias como las aplicaciones de agroquímicos considerando los residuos que en lotes con soja y maíz se han generado por las bajas precipitaciones. Para poder empezar la campaña el productor debe chequear que no haya apilamientos de herbicidas asociados a controles importantes como fue con la rama negra en la campaña anterior. Porque hay cultivos que son sensibles y puede haber toxicidad en los cultivos invernales”, explicó.
Realizar un análisis es fundamental antes de invertir en a siembra y Álvarez se refirió a una manera sencilla y económica de lograrlo como lo es el biotest. “Se saca una muestra de los primeros centímetros de suelo y se coloca en una bandeja o una vaso, se humedece y se coloca la semilla que se espera implantar en el lote. Se va chequeando a diario para ver si hay síntomas de fitotoxicidad como un color atípico en la planta, acortamiento de hojas o tallas y otras señales que pongan el alerta sobre una sensibilidad del cultivo”, comentó.
Sobre la falta de humedad, Álvarez refirió que el pluviómetro otorga una idea general pero se debe observar cuánta humedad hay realmente en el suelo. En general en muchos lugares de la zona se puede ver que de las lluvias sólo queda en suelo entre un 50 y 80 por ciento. O sea que el agua que se puede cosechar es mucho menor y su distribución a veces no es la mejor. Se debe considerar esta variable porque se vieron formaciones tipo “sándwich” en terrenos donde hay una capa de humedad superficial, un espacio seco y duro, y luego la napa. Con ese panorama hay un problema real para el cultivo.








