Serán 300 toneladas las que comprará Argentina al vecino país, luego de la gestión realizada por el Ministerio de Agricultura de la compra de ganado en pie. La medida se tomó como una forma paliativa a los aumentos del producto a principios de este año.
Esta importación representa menos de un 1% de la necesidad del país, teniendo en cuenta que la Argentina tiene un consumo local de alrededor 6 millones de toneladas anuales para la producción de harina.
La industria considera que se trata de importaciones «de prueba», que podrían abrir la puerta a transacciones aun mayores si es que la cosecha local no responde. Según Diego Cifarelli, presidente de la Federación de Industria Molinera (FAIM), serían necesarias unas 200 mil toneladas más de alta calidad para cubrir las necesidades internas.
Por su parte los operadores del mercado sostienen que hay condiciones para importar trigo desde el Golfo Pérsico, al que consideran «de la mejor calidad del mundo». Esto es debido a los altos precios en la plaza argentina, de alrededor unos $4.000 la tonelada, mientras que el precio del trigo importado desde Medio Oriente rondaría los U$S 190, unos $2.800 al cambio actual si es que se compran a un volumen importante, unas 20 mil toneladas por lo menos.
La importación de trigo podría conformar una señal hacia el mercado interno, especialmente para los productores, para que no retengan los granos como forma de especulación del precio.








