“En los tambos siempre se inseminó, el 99% de esos establecimientos ya no usan toros, y en lo que es vaca de cría viene creciendo de forma importante el uso de la inseminación”, dijo Guillermo Prieto, representante de Genpro en La Pampa y oeste de Buenos Aires.
Hoy los centros de inseminación tienen una buena variedad de toros, explicó, para iniciar con la vaquillona de 15 meses con un parto asegurado, para cabañas, para hacer hembras y machos de calidad. Además de la genética, Prieto recordó que se necesita buena alimentación.
Para elegir el toro, señaló que se están mirando los DEPS que sirven para considerar peso al nacimiento, peso al destete, área de ojo de bife lograda, circunferencia escrotal y otras cualidades, si bien la gente sigue observando el fenotipo.
“Al productor le gusta el toro bien armónico, gordito, brilloso y con buena cabeza, que era el Angus tradicional”, consideró. El típico “toro correcto” es la opción obvia si bien ahora la búsqueda de una vaca intermedia se pide, pensando en el consumo de comida, y se logra por líneas de sangre. Así se obtiene un ternero chico al nacer, con buena conversión de alimento”, indicó Prieto.
Para que la inseminación sea exitosa es necesario contar con un profesional que sepa hacerla, porque es alguien que primero va a ver el estado de la hacienda y puede realizar un tacto para no inseminar en vano. También se requieren buenas instalaciones, animales nutridos y elegir un buen semen. La probabilidad en vaquillonas es de un 65 ó 68% y en vacas se llaga al 50%, con el resto de las hembras a repaso con toro. “Esos son los números a nivel país”, concluyó.








