Alberto Iturrioz, cabañero de la zona de Speluzzi con casi 50 años en actividad, aseguró que para permanecer tanto tiempo es necesario tener “pasión” por lo que se hace, un sentimiento que está en su familia y por esa razón su hijo que veterinario continua ese trabajo en el establecimiento.
Como productor experimentado dijo que la ganadería ha cambiado en las últimas décadas. Antes no se consideraba el peso del ternero al nacer, pero hoy se trabaja en base a datos. En la cabaña cuando llega un cliente pregunta el peso al nacer, las líneas maternas y paternas y otra información sobre el animal. “Hoy preguntan sobre la mansedumbre, que es importantísima, se buscan esos toros”, destacó.
El toro de pedigree que se produce para competir en una expo al nacer tienen entre 38 y 40 kilos. Pero en el puro controlado se piensa en la facilidad de parto con 28 ó 30 kilos el recién nacido, con las vaquillonas al servicio a los dos años. “Dejamos de hacer la vaquillona de 15 meses porque en nuestro campo tenemos algo de cañadón, la tosca como limitante y si falta el pasto la vaquillona se quiere quedar”, explicó.
El cabañero dijo que trabajar con toros de frame cinco que da la elasticidad de dejarlo como toro de consumo o terminarlo para exportación, así se logra un animal que incluso con más kilos no se engrasa.








