El fenómeno de La Niña se pronostica, desde septiembre y hasta febrero, con poca intensidad y de corta duración. Por lo que el verano no tendría condiciones extremas en el país, con temperaturas normales y precipitaciones típicas para cada región.
Despidiendo un bimestre agosto-septiembre mayormente seco para toda la región, las primeras lluvias esperadas de primavera se centralizaron durante la última década del mes de octubre, tal como se había anticipado en pronósticos previos, informó el análisis de María Laura Belmonte para INTA Anguil.
Es conocimiento de todos que esta concentración de las precipitaciones, sumada a los altos milimetrajes, causó más daños que beneficios en las zonas que ya habían sido afectadas a principios del año 2016 bajo los efectos de El Niño más intenso de los últimos años. Luego de una temporada 2015/16 marcada por excesos hídricos, se avizora un verano sin condiciones climáticas extremas.
El evento “La Niña” está presente pero con una intensidad muy baja. Si bien se asocia a esta fase del fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation) con modificaciones en el patrón de precipitaciones que generan sequías en Sudamérica, la presente “Niña” se perfila como débil y de corta duración (entre septiembre y febrero), situación que impondría un impacto climático muy tenue sobre la climatología regional y es de esperarse que las condiciones tanto de temperaturas como de precipitaciones sean muy cercanas a lo normal para cada zona en particular. Para los meses de verano la historia estadística impone y es conocido en toda la región, que los balances hídricos son negativos, es decir lo esperable es que la evapotranspiración supere a las precipitaciones. Escenarios de sequías de corta duración pueden esperarse, ya que estadísticamente desde mediados de diciembre a mediados de enero, es frecuente que existan periodos secos en la región pampeana, sin embargo un aliciente es ingresar a este periodo de alta demanda ambiental con los perfiles de suelo con excelente disponibilidad hídrica, con lo cual las condiciones impuestas por El Niño pasado estarían actuando como un atenuante a las condiciones que podría imponer La Niña. Asimismo no todos los campos conservan suficiente agua en el suelo, algunos productores tienen reservas en su perfil hídrico y otros no, dependiendo del tipo de suelo y cultivo.
Cada situación en particular impondrá un manejo adaptado a partir de la modificación de fechas de siembra, elección de cultivos y material genético y duración de ciclos que habrá que adaptar según el escenario y condiciones esperables. En síntesis y en cuanto al componente hidrológico, estamos cerrando un año con anomalías positivas de precipitación pero con efectos negativos en muchas áreas de la provincia consecuencia de su distribución anual.
Fuente: informe María Laura Belmonte, EEA INTA Anguil








