“El tema frío es una de las claves, en la góndola y el traslado también”, afirmó Cristian Adriani, del Departamento de Seguridad Alimentaria en Berisso, y destacó que en el ahorro energético esa no es una opción a negociar.
Adriani visitó General Pico en el marco del programa Carnicerías Saludables y dio a conocer la experiencia realizada hace seis años en esa ciudad.
Fue una experiencia piloto del 2012, en conjunto con la Universidad Nacional de La Plata y el magister Gerardo Leotta, que se desarrolló en tres años para dedicar el primero al diagnóstico en base a 125 carnicerías, el segundo para la intervención y el tercero de verificación. Se hicieron análisis bacteriológicos de todas las superficies de contacto, los productos, las manos, las maquinas. Así se hizo un análisis de cada carnicería y se les dio una devolución, después hubo capacitaciones colectivas para abordar cada comercio, y al final se repitieron las pruebas logrando una mejora de las condiciones al 40%.
Este programa sirve para mejorar las formas de manipulación pero también para que los comerciantes exijan carne de calidad. “La cadena de frío se paga, la calidad se cobra, y el comerciante tiene derecho a reclamarlo”, destacó. En este tema se debe apuntar además a los grandes supermercadistas porque el ahorro de energía no puede afectar la sanidad. “Nosotros necesitamos que la carne no pase de los cinco grados, esa es la clave para la carne de vaca. En pollos es de dos grados el límite. Y por arriba de esas temperaturas comienzan a proliferar las cargas bacterianas”, explicó.
En la carnicería también hay algunos mitos y costumbres que no son buenas, como tener una mascota dentro del establecimiento.
Con la difusión de las pautas del programa los consumidores también van aprendiendo qué exigir a los manipuladores.








