Las tres claves: Ambiente, genotipo y manejo

Observando cebada y trigo, en la reciente jornada de Aapresid en La Pampa, se advirtió que el pluviómetro no equivale al agua absorbida por tierra, los cultivos deben elegirse por su aporte al equilibrio de nutrientes en suelo como nitrógeno y fósforo y hay otros conceptos como las variaciones dentro del mismo lote que son una realidad.

“Para las condiciones de este año y las perspectivas que teníamos la verdad que fue muy bueno desde varios puntos. Principalmente desde la convocatoria, asociado a que fue una especie de tranqueras abiertas del grupo de Aapresid con la idea de mostrar lo que se viene logrando de información. Trabajando sobre variables principalmente asociadas de lo que es el sistema de producción. Un poco el objetivo de nuestro Grupo de Agua y Suelo junto con los socios que lo integramos es tener una mirada de sistemas más que de las partes, viendo las herramientas que sirven para comprender la salud de los sistemas de producción. Venimos abordando los tres pilares que deben verse en una secuencia lógica de manejo: El ambiente, el genotipo y el manejo con la interacción de los tres”, explicó Cristián Álvarez, el ingeniero agrónomo de INTA General Pico.

El ambiente hay que reconocerlo viendo qué es lo que tengo, el suelo, sus potenciales, las “cicatrices” en función de los manejos previos y qué corregir según el diagnostico. Así elegir el cultivo a usar, o sea definir qué genotipo vamos a incorporar, y después ordenarlo mediante el manejo viendo fechas, nutrición y otros aspectos.

“En esta jornada hicimos mucho hincapié en comprender que el ambiente me condiciona mucho la respuesta de lo que yo puedo hacer después. Por eso hicimos algunas prácticas para que entendieran que cuando uno se queda con el pluviómetro en los ambientes (o esa esponja que queremos que se llene para que después el cultivo pueda absorber) no siempre reciben o lo hacen en menor medida. En ese espacio que teníamos, habíamos puesto anillos para evaluar cómo está entrando el agua en el suelo,  algunos que en cinco minutos consumían toda una botella y otros en media hora o más no llegaron a vaciarse. Esto está pasando en todo el país, con el agua sobre todo con importancia en la zona semiárida, donde debemos ver la captación del suelo para que sea lo más eficiente posible”, explicó.

Llegamos a la primera conclusión de que hay mucha variabilidad en los suelos, asociada al manejo enfatizó, y lo que tenemos que hacer es ver la variable porque cada milímetro que estamos perdiendo en trigo son entre 10 ó 20 kilos menos por hectárea, que no es despreciable. Así en el mejor de los casos de eficiencia se está viendo un 85% de captación y en el peor sólo un 40% de lo que dice el pluviómetro ingresa al suelo. El agua restante no espera a ser absorbida y corre, se localiza en lugares donde se estanca por depresión.

La segunda variable sobre características del ambiente se vio en el suelo con una calicata para notar variaciones en las capas y el anclaje que se logra para raíces, la profundidad de la tosca es un condicionante que se observó en esa zona a distintas alturas entre menos de un metro hasta más de dos.

En cuanto al manejo, se observaron diferentes variedades de cebada según las opciones que hay en el mercado viendo rindes y sanidad. Otra consideración fue la nutrición, para mejorar la respuesta mediante fertilización foliar conociendo tiempo y forma de aplicación del líquido. Además, se vio que hay nutrientes principales como el nitrógeno y su relación con el descenso de fósforo. Considerando cómo se debe hacer la corrección ante la relación de ambos elementos. Por ello un cultivo se vuelve más interesante cuando ayuda a corregir estos problemas y aporta al equilibrio.

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