La agricultura moderna está siendo fuertemente cuestionada en términos de salud pública e integridad ambiental. La tendencia, entonces, refleja la importancia de diseñar sistemas de cultivo utilizando principios ecológicos y servicios ecosistémicos para mejorar la sostenibilidad de los agroecosistemas y la eficiencia de producción. Este enfoque se conoce como “agroecología“.
El reciente artículo de Hugo Permingeat para la Aapresid, explica que en este marco, se destacan una serie de prácticas que incluyen los cultivos intercalados, las rotaciones de cultivos, los cultivos de cobertura, el uso de estiércol como abono, la labranza reducida y la agrosilvicultura. “El cultivo intercalado, es decir el cultivo simultáneo de dos o más cosechas en la misma tierra, tiene un gran potencial y constituye una alternativa para optimizar sustancialmente los sistemas gracias a la diversificación”.
Además, se logran ventajas adicionales cuando los cultivos consociados incluyen leguminosas. Las leguminosas intercaladas demostraron ser capaces de proporcionar una amplia gama de servicios y de producir rendimientos sustancialmente más altos que un cultivo único. Entre esas ventajas pueden citarse que mejoran la dinámica del nitrógeno como nutriente (esto asociado a la fijación biológica), mejoran la eficiencia en el uso de agua, facilitan el control de malezas, reducen los ataques y daños por plagas, aumentan la estabilidad del suelo, la agregación y la permeabilidad y aumentan la biomasa, la actividad y la diversidad de microorganismos del suelo.
Según Permingeat , en la publicación de Duchene y colaboradores (2017) se discute el papel que desempeñan los cultivos intercalados de cereales y leguminosas no sólo en la mejora de los rendimientos de los cultivos sino también en la sostenibilidad de los agroecosistemas, mediante la explotación del concepto de ‘complementariedad’ vegetal para la adquisición de recursos del suelo y la ‘facilitación’ de procesos rizosféricos gracias a las triples interacciones positivas planta-suelo-microorganismo. Estos autores analizan en los cultivos intercalados aspectos de complementariedad, de facilitación y de competencia.
La complementariedad, que abarca procesos temporales, espaciales y químicos, se refiere a los recursos de partición, reduciendo la competencia entre especies; mientras que la facilitación permite interacciones positivas entre las especies de plantas responsables de los servicios suplementarios. También los microorganismos juegan un rol en la facilitación, y esta acción es recíproca, porque el cultivo intercalado puede favorecer, a su vez, la abundancia y la actividad microbiana.
También las ventajas del cultivo intercalado pueden asociarse a las condiciones de su manejo. Por ejemplo, el espaciamiento de los surcos y la disposición intercalada son elementos importantes de los patrones de siembra de los sistemas de consorcio. Esto puede influir en el ambiente microclimático de las especies interespecíficas, en particular la tasa de transmisión de luz de los grupos de cultivos.
Con la facilitación y la disminución de la competencia entre los cultivos, los sistemas de consorcio pueden utilizar el agua y los nutrientes del suelo de manera más eficaz y reducir los costos de siembra, mejorando así la producción agrícola.








