Uno de los asesores externos del Ceret remarcó las ventajas logradas con la incorporación de tecnología para los cultivos intensivos bajo cubierta y destacó que la horticultura lograda en las diferentes provincias aporta conocimientos que pueden compartirse.
Rodolfo Grasso, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Rosario, productor hortícola y asesor en sistemas intensivos, hace más de 17 años que está vinculado al Ceret en el marco de la labor que el centro desarrolla para acercar la tecnología al productor. Con esa relación interprovincial, Grasso habló de su experiencia. Siendo nieto de productores hortícolas en Santa Fe, indicó: “Me parecía que lo que uno hacía no era traspolable a otras situaciones. Porque uno piensa que el clima de La Pampa es más continental, el suelo más arenoso y la tosca no se encuentra en Rosario, donde la tierra está más cargada de limo y arcilla. Entonces era impensable trasladar tecnologías. Cuando lo hicimos por primera vez nos dimos cuenta de que esas tecnologías tenían acá más ventajas. Un tomate que a allá no superaba los 12 a 14 kilos por metro cuadrado acá lograba los 40 kilos por metro cuadrado con el mismo material híbrido”.
Con esas experiencias, aseguró, se abrió un camino muy importante para dejar de pensar que la horticultura debe estar centrada en pocas zonas productivas, porque puede llevarse y acortar el camino hacia el consumidor reduciendo la huella de carbono, evitar los gastos de trasporte y otras cuestiones convenientes. “Trabajando con cierto nivel tecnológico se logra una calidad superior en productos, en comparación de la que se obtendría con lo que llegaría de los grandes centros de producción”, indicó.
El asesor recordó el camino logrado por el Ceret, y por la provincia, con unas 15 hectáreas destinadas a producción intensiva.








