
La tecnología, el conocimiento, los buenos manejos y las normativas que respetan aquellos aplicadores responsables dan cada vez más precisión a la actividad que no solo aplica fertilizantes y otros productos permitidos sino que también incursiona en la siembra aérea.
Diego Castro de la empresa El Cosaco de servicios aéreos SRL, firma dedicada a la pulverización aérea con más de 50 años de trayectoria en América y la zona, indicó: “Nosotros hemos visto un incremento bastante significativo después del año 2000 cuando la revolución de la agricultura superó algunos campos que antes eran primordialmente ganaderos. Piden el servicio productores de grandes extensiones y otros más pequeños”.
Con años de experiencia y capacitación, Castro explicó que la tecnología ha incorporado mejoras, con picos, atomizadores rotativos, aviones de última generación e innovaciones varias pero la idea de base es la misma para la pulverización. En cuanto a la precisión los aviones tienen regulación de caudales, banderilleros satelitales y otras mejoras notables. Todo se puede regular, tanto los picos como los atomizadores, a fin de determinar tamaño de gota y caudal para disminuir la volatibilidad. Eso según lo que haya que tratar y el problema que tiene el cultivo. Además hay productos antideriva que también sirven para realizar una tarea eficiente.
La precisión da más seguridad al momento de trabajar en lugares donde está el casco de un campo, una escuela u otra instalación habitacional, e incluso se avisa antes de pulverizar. Igual el factor determinante es el viento, destacó, y ese es un recaudo que se tiene en cuenta.
Castro recordó que están nucleados en la Federación Argentina de Cámaras de Aeroaplicadores donde están representadas las diferentes provincias, desde allí se trabaja para transmitir el tipo de trabajo adecuado y las buenas prácticas que tiene el sector.
En relación a los costos, Castro indicó qué hay una incidencia directa de la suba del dólar. En los aviones todo el mantenimiento y las partes van en dólares. Y también el combustible. Eso incluso es necesario para no tener problemas en la habilitación, con los seguros y otros requerimientos. Esa suba repercute en forma directa en el precio que se cobra por hectárea, que tiene un monto estimado en 10 dólares.








