El paisaje nativo y el arte unidos en una muestra

La muestra el “Horizonte y el cuerpo muestra la interacción del paisaje nativo, con sus cardos y pastos punas, con el arte y su manifestación en objetos, sonidos y poemas. Una propuesta que se hizo en G. Pico pensando en la belleza de La Pampa.

María José Pérez, artista visual, que comenzó a trabajar con la muestra hace más de un año y medio, inspirando cuadros y esculturas a partir de las características de La Pampa. “Empezaron a cobrar vida y mimetizarse con el paisaje”, explicó sobre las obras ambientadas con ramas, cardos y pastos nativos.

Invité a Ana y comenzamos a pensar en la instalación. Primero para montarla afuera, en el paisaje mismo, y después salió a la oportunidad de Medano. Más tarde leí algo escrito por Laura, la llamé, vimos que más tenía y me pareció que los poemas tenían mucho que ver con la obra”, dijo la artista en relación al armado del equipo.

Ana Arocena, ingeniera agrónoma y paisajista, fue quien incorporó a la muestra elementos del paisaje pampeano para dar relevancia “lo que siempre vemos y nunca miramos. Trayendo el afuera a dentro para generar una experiencia”.

Laura Carnovale, docente y escritora, participó incorporando a la instalación la palabra a través de poesías en su mayoría inéditos que se refieren a la belleza del paisaje.

Dentro de la sala de Medano se observa además una instalación ubicada en un rincón cerrado donde se fusionan imágenes en movimiento con el paisaje sonoro a partir del aporte de Fabián Racca que en un audio logró integrar sonidos típicos como pájaros, viento, ranas, pisadas, lluvia y otras melodías del ambiente.

Pérez destacó la belleza del paisaje pampeano con horizontes e inmensidad, las complicaciones del viento y los estados de ánimo, junto con los elementos que se pueden recolectar al recorrer y trabajar luego en el taller.

Por otra parte, indicó que siguen en G. Pico hasta mañana y después tiene pensado que la muestra llegué a una galería Buenos Aires.

Integrar el arte con el paisaje tuvo impacto, señaló Arocena, y la presencia de cardos rusos en la sala llamó la atención. Estas plantas secas de envergadura que son conocidos por las generaciones anteriores ya que el avance de la agricultura los ha reducido. “Fue gratificante ver que la gente reconocía en la sala el cardo ruso, el pasto puna y el chamico. Y quienes no los conocían preguntaban e incluso pensaban que era algo construido por nosotras”, destacó. Las ramas incorporadas a la  muestra no fueron cortadas con ese objetivo porque fueron recogidas de restos de poda.