«Alguna vez no tenemos que organizar», dijo Arece

Con una voz basada en la experiencia pampeana se desarrolló la charla “Fiebre Aftosa: Luces y Sombras”, a cargo del médico veterinario y productor Carlos Arece, en el marco de la agenda prevista para la 92° Exposición Rural, Agrícola, Industrial, Comercial y de Servicios del Norte Pampeano,

Arece llevó a los presentes por un recorrido en la historia vivida con la fiebre aftosa, observando que la lucha por librar a la ganadería de esa enfermedad ha tenido avances y retrocesos con planes de vacunación, resultados complicados por la presencia viral, e incluso una barrera parancelaria que todavía interpela a los productores con los anuncios de cambios en las campañas de este año.

«Alguna vez nos tenemos que organizar», recordó que decía su padre, evocando lo que ocurría décadas atrás con cierres de exportación, el descenso de los precios ganaderos y sus consecuencias. «Tengo que vender más de una vaca para llenar el tanque de nafta» y otras frases anecdóticas llenaron la sala mientras citó hechos puntuales y experiencias como productor y vacunador.

Mientras que para la década del ’80 la oferta viral seguía muy presente, pese a las tres vacunaciones anuales, destacó que se comenzó a trabajar más seriamente, y ya en los años ’90 aparecen las fundaciones, los grupos de productores voluntarios y las campañas más ordenadas que dieron mejores resultados.

Mediante el esfuerzo, se fueron reduciendo los focos activos en el país y se llegó a la declaración de libres con vacunación, e incluso a tener el estatus de libres sin vacunación.

Enero del 2001 con nuevos casos positivos mostró un retroceso y la necesidad de volver a vacunar, recordó. Con un esfuerzo por recuperar sanidad y reconquistar los mercados se puso en marcha otra vez el sistema, pese a llegar al 2006 con un inesperado cierre de exportaciones impuesto por el gobierno.

El plan de aftosa superó épocas de sequía como la del 2009 y sigue afrontando sus crisis. Pero aún entonces se mantuvo la estrategia, reflexionó. Los precios no siempre alentaron a mantener la ganadería y hubo momentos donde el valor del ternero casi no existía. Sin embargo, el análisis de Arece fue que dejar de vacunar para lograr mercado muchas veces jugó en contra. Y el plan es una garantía ante la enfermedad en épocas donde hay diferentes compradores y las exigencias de trazabilidad cada vez son más estrictas.

La pregunta es si reducir la cantidad de dosis sería la solución, planteó ante los presentes, o sí sería un ahorro real para el productor. Porque la vacunación contra aftosa puede ser vista como sinónimo de vender carne barata pero el consumo mundial crece y hay que abastecerlo, señaló el disertante, poniendo en la balanza la experiencia de nuestro país y los riesgos de cambiar un plan que ha dado resultados.