Alberto Muguiro, responsable del Pro Huerta del INTA en La Pampa, explicó: “El programa tiene el compromiso de no aplicar ningún agroquímico en sus producciones porque se apunta a proyectos agroecológicos, siempre que se pueda. Por esa razón se fomenta que las huertas familiares no apliquen ese tipo de productos”.
Un concepto, dijo Muguiro, válido para las producciones de autoconsumo, y también en el caso de que se trate de asistir a productores más grandes, de tipo comercial con otra escala de producción, porque en general se trata de implementar buenas pautas de manejo. Para que se usen productos inocuos para la población y habilitados por Senasa.
Entonces se recomienda a los productores hacer monitoreo de plagas antes de aplicar alguna sustancia, y desde el Pro Huerta los técnicos asisten y verifican el tipo de plaga y el momento de aplicación óptimo. Porque para ese tipo de emprendimientos, cuando se piensa en plagas, hay también un riesgo de pérdidas económicas pero aún así se debe trabajar con técnicas aprobadas por INTA y Senasa.
En cuanto a las hortalizas además se trabaja desde la genética, por ejemplo con el tomate injertado se evita el problema de los nematos y así no es necesario atacar de otra forma la plaga. O sea que se usan variedades resistentes, se controla el agua, se hacen los monitoreos continuos, y recién como última opción la aplicación.
Muguiro indicó que se puede trabajar con hortalizas de bajo impacto de agroquímicos, pero la sociedad debe conocer que es necesario que los productos tengan un control sobre el tiempo de carencia y aplicación, o sea el momento de poner el químico y el tiempo en el que se elimina el residuo del producto para que pueda ir con seguridad a la mesa de los compradores.








