Gerardo Vicente, de la cabaña Doña Benita y expositor de ovinos corridale en la última exposición rural de Ingeniero Luiggi, recordó que la cabaña comenzó en el año ’59 y con puros de pedigrí desde 1961, y una de las primeras con registros genealógicos en la Sociedad Rural Argentina.
Vicente indicó que desde los 18 años se dedica a la actividad ovina, y con el tiempo ha visto cambios en el tipo de animal que se busca lograr.
“Antes se buscaba un animal que fuera ante todo lana, hoy tenemos el doble propósito pro más marcado hacia la carne. Con ovinos más despejados. Yo recuerdo haber visto en Palermo gran campeón con 70 kilos y ahora estamos en 130 y con 40 kilos en los borregos de dos dientes”, explicó.
Hoy se logra un corridale bien definido que casi no necesita tijera para despejar ojos y patas.
El productor indicó que trabaja con la cooperativa ovina de Alta Italia, siendo uno de los que comenzó con la institución, y destacó que el precio está en 1.200 ó 1.400 pesos un corderito que con genética a los tres meses se puede lograr con 28 kilos de peso vivo. Por año, con una muy buena gestación en las madres Vicente refirió que se puede llegar al 130 ó 140% por los nacimientos de mellizos. En comparación con algunas décadas atrás en las majadas, consideró, era difícil pasar del 70%.
Pese a que todavía está la contra en el trabajo de los campos del zorro, los campos abandonados, el abigeato y otras complicaciones que antes no estaban.
En la comercialización hay un tema importante para considerar y es que sólo se cuenta con un frigorífico habilitado para la faena de ovinos y está en Santa Isabel, o sea a 300 kilómetros del núcleo productivo de Alta Italia con unas 15 mil madres en unos 100 kilómetros a la redonda. Así se encarece el flete y se complican los valores.








