El litro de leche se pagó en el tambo en un valor que oscila entre 5.90 y 6.20 pesos, un precio que no da rentabilidad y afecta la permanencia de la actividad y su posibilidad de recuperarse después del golpe de las inundaciones y la posterior sequía.
Guillermo Lahitte, productor lechero de la zona de Piedritas en Buenos Aires, es parte de la cuarta generación de una familia vinculada a la producción lechera. Desde 1912 sus antepasados se instalaron en la zona y ahora tiene una pequeña empresa que ordeña 150 vacas, con cuatro empleados más el grupo familiar. Con un promedio de unos 25 litros por animal, con tenor graso de 360 y proteínas en 335. Logrando una leche de buena calidad con altos estándares sanitarios, libres desde hace años de brucelosis y tuberculosis en el tambo.
Referido a la actualidad dijo: “Sufrimos dos años de inundaciones. Se cerraron cerca de 50 tambos, no todos hemos padecido de la misma manera pero algunos cerraron, otros redujeron su trabajo, o llevaron las vacas a otras regiones. Algunos tratan de volver a trabajar pero eso significa rehacer pasturas, volver a tener hacienda y reponer toda una estructura”.
Del 2017 al 2018 hubo un cambio hacia la sequía que significó un problema en cuanto a la reserva de pasturas. Eso influye en los costos, porque la compra de pasturas, granos y proteínas para balancear la dieta es un factor determinante.
En cuanto a los precios a “pie de tambo”, Lahitte refirió que el litro de leche de este mes ronda entre 5.90 y 6.20 pesos. Con esos valores no hay rentabilidad, porque sumado a los problemas que trajo el clima hubo una suba del precio de los commodities, como el maíz, que son los principales granos forrajeros. Por otra parte, está la presión impositiva, la inflación y otros factores económicos que no son manejables. “7.50 pesos sería un valor como para tener rentabilidad y seguir invirtiendo en el negocio”, afirmó.








