Vacunas en fase rugosa: Solución o desafío sanitario?

Cuando la solución propuesta complica el problema: Reflexiones sobre el uso de vacunas en fase rugosa, por M.V. Guillermo Meglia.

«En mi calidad de Médico Veterinario y Profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLPam, considero necesario compartir algunas observaciones derivadas de la reciente inclusión de las vacunas en fase rugosa, RB51 y δpgm, al del Programa Nacional de Control y Erradicación de la Brucelosis Bovina.
Durante los últimos meses he sido convocado como asesor externo a establecimientos lecheros del área de influencia de nuestra institución, en la región de General Pico, La Pampa. En ellos se presentó una
problemática serodiagnóstica compleja y difícil de interpretar, directamente asociada al uso de estas vacunas.

Las motivaciones para su aplicación fueron diversas. En algunos rodeos, dado que la prevalencia de la enfermedad era baja y había disponibilidad de vacunas en auge promocional, respaldadas por la teoría
que no induciría anticuerpos detectables por las pruebas diagnósticas, se consideró que su uso podría contribuir a eliminar la infección del establecimiento. En otros casos, la intención fue reforzar la
inmunidad del rodeo adulto frente a la enfermedad. En teoría, estas vacunas no deberían generar
anticuerpos detectables mediante las pruebas diagnósticas convencionales. Sin embargo, la experiencia
a campo mostró un escenario diferente.

Tras la vacunación y la realización de muestreos sucesivos -en parte motivados por alertas emitidas por las usinas lácteas- se observó una amplia variabilidad en los títulos séricos de inmunoglobulinas. Los resultados obtenidos fueron imposibles de interpretar con certeza mediante las pruebas habituales, lo que dificultó distinguir si los anticuerpos correspondían a una infección natural o eran consecuencia directa de la vacunación. Esta situación generó confusión diagnóstica, incertidumbre y decisiones sanitarias potencialmente erróneas.

La literatura científica es clara respecto a las limitaciones del uso de estas cepas rugosas: no deberían emplearse en áreas endémicas ni en animales previamente vacunados con S19. La razón es conocida: en
estos animales se desencadena una respuesta anamnésica que induce anticuerpos anti‑cadena O, interfiriendo con el diagnóstico y pudiendo llevar a la eliminación animales falsamente positivos.
Con frecuencia se menciona su utilización en Estados Unidos. Sin embargo, es imprescindible contextualizar: ese país se encuentra libre de la enfermedad -con la excepción del área de Yellowstone- y sus recomendaciones actuales restringen el uso de RB51 a vaquillonas de 4 a 12 meses.
Su aplicación en animales adultos solo se permite cuando se demuestra fehacientemente la ausencia de vacunación previa, una condición que en nuestro país no ocurre.

En síntesis, la incorporación de estas vacunas está generando un escenario de confusión diagnóstica y operativa. En muchos casos, esto se ve agravado por la falta de información precisa entre los profesionales actuantes o por la expectativa de encontrar una solución rápida a un problema que, en realidad, requiere un enfoque integral, sostenido y basado en el manejo sanitario holístico del rodeo.
Desde mi humilde posición y experiencia, hago un llamado a las autoridades sanitarias para que revisen cuidadosamente la situación actual, verifiquen los procedimientos implementados y tomen las medidas necesarias que permitan garantizar la precisión diagnóstica y la eficacia de las acciones sanitarias.

Es indispensable que las decisiones se basen en información precisa, en la contextualización de la realidad nacional y en la adopción de un enfoque integral, sostenido y holístico, evitando soluciones apresuradas que puedan agravar la problemática existente».