«La ganadería tiene presente y no sólo futuro«, aseguraron desde la consultora Zorraquin + Meneses. Muchos indicadores alientan a pensar que existe un escenario de oportunidades para este negocio, pero que se puedan aprovechar en forma sostenida es algo a analizar.
En el análisis de las variables consideraron:
A nivel interno, la oferta de hacienda que va a faena viene disminuyendo progresivamente los últimos meses, con una caída aproximada del 7%. Y durante el 2025 fue de cerca del 3% respecto al 2024. Esta disminución intenta compensarse tímidamente con un mayor peso por animal (unos 3 kilos en promedio), pero este será un camino lento. Al igual que lo será la recuperación de los vientres (en cantidad y en eficiencia reproductiva) que puedan volcar más terneros al mercado. Mientras esto sucede, el consumo interno resiste y hasta mejora, siendo hoy de unos 48 kilos/habitante/año.
A los argentinos nos gusta la carne, aunque suban los precios en el mostrador. Y, si no es carne vacuna, será de pollo o de cerdo. Entre las tres suman un consumo promedio de más de 110 kilos/hab/año, siendo uno de los tres países que pueden mostrar este nivel de consumo de proteína animal.
Y a nivel internacional la demanda también está sostenida y con precios recuperados. Las cuotas (Hilton y 481) con buenos precios. Negocios con Israel y Europa firmes. Y China, que compra el 70% de las exportaciones de carne vacuna argentina, con precios en alza. Respecto a China cabe resaltar que, en defensa de su producción interna, ha establecido cupos máximos anuales a distintos países. En el caso de Argentina esta medida tiene impacto neutro en el mediano plazo (el cupo es similar a lo que hoy se exporta), pero a Brasil le pegó fuerte ya que el cupo representa entre un 20% y un 30% menos de volumen que lo que viene enviando a ese país. Este movimiento va a reformular el modelo comercial en el 2026. Como se ve, mucha actividad y cambios.
La pregunta es si la Argentina podrá sacar mayor provecho, consideraron desde la consultora. Y para hacerlo necesita generar más carne. Hoy el stock vacuno no crece, pareciera que hay equilibrio y que no estamos en un proceso marcado de liquidación o retención. Los precios que recibe el productor son comparables a los máximos pagados en 2009 y en 2022. Esto puede actuar como un estímulo a crecer y retener, lo que agravaría en el corto plazo la falta de oferta, generando más suba de precios. En otros momentos políticos esto hubiera despertado alarmas por la posible intervención del gobierno de turno “para proteger la mesa de los argentinos”. Ese escenario hoy parece más que improbable. En este entorno, hoy el novillo vale unos 4300 a 4400 $/kilo, los novillitos arriba de los 4600 $/kilo, la vaca gorda en el orden de los 3400 $/kilo y el ternero de invernada arañando los 6000 $/kilo. Y los vientres preñados coqueteando con el equivalente a 1000 dólares. Buenos precios y sin expectativa de bajas relevantes, más allá de las oscilaciones que siempre muestra el mercado. Y con buenas relaciones insumo/producto respecto a los costos de suplementación o de generación de forraje. Los valores de arrendamiento de campo, medidos en kilos/ha, van a intentar un escalón hacia arriba por parte de los dueños de campo. Nos parece que no hay margen económico para que eso suceda, indicaron, sobre todo en el caso de los campos de cría, actividad que recién ahora muestra signos ciertos de recuperación. En este escenario promisorio, los frigoríficos intentan mantener competitividad y mercado, pero con dificultades. Con un novillo “caro” respecto al mercado internacional y con una potencial caída de la faena que no diluya sus costos fijos, no sería raro que siga el proceso de concentración de la industria en menos manos.
La ganadería, por definición, es de procesos lentos y silenciosos. Esto enmascara a veces la profundidad de los cambios que ocurren a nivel de los productores, de la industria y del comercio. Y obliga a revisar la estrategia de cada eslabón, señalaron.








