El mundo pide certificar calidad y cualidad

Las certificaciones se mantienen, incluso con modalidad de auditorías híbridas y adaptándose a las demandas de los consumidores y mercados que afectas calidad y cualidades de los productos. Gabriel Berardinelli, presidente de la Cámara Argentina de Certificadoras (CACER) habló de estos temas con Rural al Día.

La cámara tiene como objetivo certificar calidad para el agro así como en todo lo que se produzca en el país, ello a través de empresas privadas que están asociadas y que son las certificadoras. La CACER hace unos 20 años se viene desempeñando en Argentina.

La pandemia, como a toda institución, nos ha afectado un poco. Más que todo porque la imposibilidad de circular a generado que algunas de las empresas certificadoras no puedan ejercer su trabajo de verificación, cuando los auditores no podían transitar. Pero también hemos aprendido mucho, se han tomado las tecnologías que hoy usamos habitualmente, porque hace dos años atrás no hablábamos de zoom o de una reunión virtual como ahora que lo hacemos habitualmente. Estas herramientas las hemos incorporado en las auditorías y los procedimientos necesarios para que los clientes puedan mantener su certificación”, explicó.

En la actualidad, y con reconocimiento internacional, se hacen auditorías remotas o sea por zoom, con videollamadas y otras herramientas que sirven para avanzar en la verificación y que el trabajo presencial sea más corto y cuidando el distanciamiento social. “Se las llama auditorías híbridas o mixtas porque está el intercambio con las personas pero en lugar de sentarse juntos en una mesa se hace un zoom, se va compartiendo documentación y se realiza una verificación bastante buena en ese esquema. Y cuando es necesario ir a un lugar, ya sea un campo por la actividad del agro, un puerto para observar el funcionamiento de una grúa o una planta de proceso, se viaja para ver algo puntual sin tanto contacto del auditor con la gente. Esto es parte de la adaptación”, explicó.

LAS CERTIFICACIONES EVOLUCIONARON

La cámara comenzó con empresas que estaban en el negocio de la producción orgánica, luego se sumaron otras que controlan procesos de calidad, buenas prácticas, normativas nacionales e internacionales, protocolos, e incluso ahora hay certificadoras de izaje que verifican sobre las grúas y maquinarias que se usan en el puerto en cuanto a su funcionamiento y a las personas que las conducen.
Berardinelli habló sobre las certificaciones sociales, e indicó que esto tiene que ver con la evolución del consumidor o del mercado. Argentina como país agroexportador o agroindustrial tiene muchas certificaciones relacionadas a esta realidad, pero ahora importa también saber cómo se produjo, quién lo hizo y sus condiciones de trabajo.

Una certificación social implica cómo la empresa trata a sus empleados, qué comodidades les da, cuestiones del salario fijo por paritarias y acuerdos, las horas que trabaja y sus momentos de descanso, el acceso a la medicina, que no haya discriminación, que no se empleen niños y otros requisitos que se complementan con las concisiones de producción. El consumidor está interesado en esto y ha sucedido, años atrás, que han salido noticias de firmas internacionales que emplearon mujeres embarazas, niños o personas forzadas a trabajar”, dijo a RD.

Al momento de pensar en las certificaciones se puede ver tanto al consumidor y su elección en góndola como las exigencias de los mercados, por esa razón el presidente de la cámara consideró que primero se debe ver la calidad del producto, o sea que sea bueno, apetecible y aceptado por el productor. Al mismo tiempo, puede ser que se busque el respaldo de una tercera parte, que no tiene que ver con la producción ni con la comercialización, y allí está la certificación.
Porque con esa verificación se termina de dar las garantías sobre las cualidades del producto a consumir. Por esa razón al apuntar a un mercado se debe evaluar si el producto en sí mismo es lo que se está demandando y también sus atributos para ver si es posible cumplir con todo. Esto significa para las empresas adaptarse a algunos requisitos ya predeterminados por mercados y consumidores, al punto de que algunos estándares son muy habituales como es el caso de las buenas prácticas agrícolas para el agro.