«Negocio que no se cansa de recibir señales positivas en el último tiempo. Con potenciales debilidades por supuesto, pero con un marco de expectativas económicas a favor«, afirmaron desde la consultora de empresas agropecuarias Zorraquin + Meneses.
En nuestro país, hace dos años que la oferta se mantiene alta, explicaron. En parte por una leve tendencia a la liquidación del rodeo. Esto pareciera empezar a frenar, mostrando que en los últimos 3 a 4 meses la faena diaria medida en cantidad de cabezas cae un 10%. O sea que la oferta se reduce levemente o, en el mejor de los casos, no aumentará por un tiempo.
Este escenario se da con un entorno de alta demanda del mundo (sobre todo asiática), que va llevando a la Argentina a exportar un millón de toneladas de carne al año. Y con un consumo interno que pelea por sostener sus 45 a 50 kilos/habitante/año de demanda.
Pero si la oferta cae, y la demanda se sostiene o sube, no alcanza para todos. Y cuando esto pasa, se refleja en precios más altos.
Sumado a que los principales países que aportan carne al mercado internacional (principalmente Brasil) también parecieran estar llegando a sus máximos posibles de abastecimiento, salvo que avancen en un proceso de liquidación de su rodeo. Resumiendo, todo lleva a pensar en precios altos tanto a nivel internacional como de mercado interno al menos por un tiempo.
Para mostrar la tendencia interna, veamos la evolución de precios ganaderos en el último año, recordando que la inflación minorista se sitúa en el orden del 30%. En ese escenario el valor del kilo en los terneros aumentó un 70%, los novillos y novillitos un 90%, la vaca gorda un 80% y la vaca conserva un 60%. Un rally alcista que no se da muy seguido. Y que por ahora no se frena. Esto va llevando a que los precios en las carnicerías van reflejando subas también, obligando a un equilibrio del carnicero entre el valor al que compra y el valor que puede pagar su cliente.
Los feed lots vaciándose de a poco, con un ritmo habitual para la época. De a poco se eleva el peso de faena, pero falta bastante para pasar de los 230 kilos/cabeza a los 280 kilos que tiene Brasil. Ante una producción de terneros estancada entre 13 y 14 millones por año, la posible suba de oferta debería venir primero por el peso individual faenado. Y en paralelo ver si es posible que los índices de procreo mejoren o, menos probable, que aumente la cantidad de vacas en servicio.
China sigue siendo el principal comprador en volumen de nuestro país (70%) pero forzando precios a la baja, con Unión Europea, Israel y Estados Unidos como mercados relevantes de menor volumen pero mayor precio. Mientras, la guerra de aranceles de Trump genera idas y venidas en el mercado internacional. La cuota de 20.000 toneladas que ese país otorga a la Argentina pasó de tener un arancel del 10% a ser 0%. Y con la expectativa que el volumen pase a ser de 80.000 toneladas. El resto de las toneladas fuera de cupo bajó su arancel del 36% al 26%. Con Brasil empezó a distenderse la relación, buscando Trump aranceles que no impidan la llegada de carne de ese país a EEUU. Hay que repetir, una vez más, que Brasil es casi el único exportador que ofrece volúmenes que “mueven la aguja” en los países que abastece. Y hoy ofrece además un precio de la carne al gancho un 20% a 30% menor que el de Argentina o Australia. Es una topadora.
La posibilidad de sostener un escenario atractivo del negocio puede generar inversiones productivas y también en la industria. Sería bueno que los frigoríficos envíen un mensaje claro de hacia dónde va el mercado, consideraron, viendo qué tipo de demanda de calidad va a existir y ayuden a trabajar mejor la oferta de cantidad versus la de calidad. Hay lugar para las dos, pero la estrategia difiere, concluyeron desde la consultora al observar lo que ocurre con la ganadería.








