Leonardo Boeris, criador de caballos criollos en La Pampa, se refirió a la raza que viene desarrollando en una mezcla argentino- chilena para “dar más funcionalidad al caballo con morfología y resistencia” y su reciente triunfo en corral de aparte.
El criador señaló que dentro de las medias estándar se trabaja con padrillos de 1.40 hasta 1.50 de alto con la yegua en dos centímetros menos. Pero se va considerando la sangre, las características morfológicas, su carácter y otros parámetros.
Para competir con su cabaña en la clasificatoria de corral de aparte, que se hizo en Trenque Lauquen, llevaron uno de sus padrillos y quedaron primeros al ganar con 39 puntos quedando clasificados para el festival de Jesús María 2020.
La competencia incluye dos bovinos que deben ser separadas apartando y manteniendo al animal marcado, para ello el equino se mantiene en movimiento y gira sobre sí mismo. El jurado observa el comportamiento del animal en esa instancia y luego en el manejo de un solo bovino sobre los laterales en el sentido de las agujas del reloj.
“Tenemos la regla sangre cero, porque no pueda sangrar el caballo ni en la boca al golpear con alguna tabla, ni por el freno, la espuela u otro motivo. Si hay alguna lesión el competidor queda descalificado”, explicó Boeris resaltando el cuidado que se ha logrado y los cambios que se ven incluso en la doma. Ahora al caballo no se lo trabaja mediante el dolor, ahora se avanza desde el potrillo, amansándolo en el contacto humano desde que está junto a su madre, es un proceso que se logra de a poco, se usan bozales más blandos y es diferente a lo que se hacía en el pasado.
Lograr un ganador lleva tiempo
El trabajo del criador comienza desde el estudio de pedigrí para armar las manadas, buscando los padrillos adecuados, después la hembra tiene once meses de preñez, luego el potrillo es destetado y se puede comenzar a domar a los tres años. “Recién entonces te podés dar cuenta de qué caballos puede comenzar a competir y cuáles no, estudiar el pedigrí es algo que hago yo como dueño de la cabaña pero después mi mano derecha, Carlos Rodríguez, el jinete, quien los doma y ve la actitud concluyendo para qué puede servir cada animal”, explicó.
El caballo de trabajo ahora tiene competencia con motos y cuatriciclos en el campo pero Boeris señaló que siempre es necesario tenerlo en los establecimientos. Además, recordó que la cría se mantiene para aquellos equinos destinados al deporte y a los desfiles tradicionalistas.








