“Venimos con tres años muy complicados para la provincia”, afirmó Pablo Vázquez, ingeniero agrónomo del área de Recursos Naturales del INTA Anguil, que evalúa el resultado de los fenómenos que afectan a la provincia como inundaciones, sequía e incendios.
“El mes de agosto esta húmedo y hay buenas condiciones para los forrajes pero todo lo que venimos acumulando desde el año anterior está dejando como resultado que tenemos con altísimo riesgo de incendio dos millones de hectáreas. Pero esto es riesgo, no significa que otras zonas no se puedan quemar, y nos referimos a las regiones del oeste y el sur provincial. Esta información se dio con anticipación, en junio, y se comunicó a Defensa Civil y al Ministerio de Seguridad para que tomen los recaudos para activar picadas, monitorear cada lugar y priorizar los grupos de observación de bomberos y los municipios”, explicó.
Pensando en los daños que pueden provocar los tres fenómenos, por superficie el más perjudicial fue el fuego que dejó durante los últimos dos años afectadas un millón y medio de hectáreas. Pero el problema de la sequía es instantáneo, y este año se vio en casi dos millones de hectáreas, con la paradoja de que parte de esos campos habían estado inundados. Con las lluvias que anegaron desde el 2015, no sólo hubo campos inundados sino que quedaron muchas hectáreas secas en superficie pero con falta de piso y entonces no se puede ingresar con las maquinarias.
RECUPERAR TIERRAS
En cuanto a la recuperación de las tierras, Vázquez explicó que la sequía tiene la característica de que en cuanto comienza un período húmedo se pueden reanudar las tareas si bien eso no soluciona la situación económica en la que venía el productor. “Con la inundación es más complicado porque hay zonas salinizadas que quedan inutilizables en el corto o mediano plazo”, señaló. En cuanto al fuego, que se da en el oeste provincial, si no hay lluvias que lo aplaquen y el incendio avanza lentamente la quema se produce en profundidad y no deja nada. No es sólo el costo del alambrado, es la falta de forraje para los animales y otras consecuencias. El ingeniero refirió que este año los fuegos “fueron rápidos, si bien es impresionante de observar, con ese paso causan daños pero también limpian el arbustal y los brotes salen con las primera lluvias. No ocurre así cuando el fuego se instala en un lote y destruye en profundidad”, indicó.
CONTROLAR LAS NAPAS
Después de la inundación todavía han quedado las napas altas, recordó, por esa razón lo que se busca es modelar la dinámica hídrica subterránea que es la que entorpece las labores agrícolas. Por esa razón, destacó, hay que saber cómo funciona el agua por debajo de la superficie y lograr alertas tempranas sobre el ascenso de las napas cuando hay lluvias. “Todo este proceso viene relacionado con un descenso del consumo de agua sumado a que hubo años muy húmedos. Si en un año normal se usan 750 milímetros de agua por el bombeo de los cultivos, a partir del momento en que no se sembraron cultivos de invierno por un problema de precios el consumo bajo a la mitad. No fue en un lote, sino que bajó en todo el norte pampeano cuando se pasó a usar unos 400 milímetros”, consideró.
La recomendación para el norte es saber la profundidad de las napas, conocer el pronóstico extendido para los siguientes meses como una aproximación y entonces usar para la siembra los lotes menos riesgosos.








