«Nuestra síntesis sería que es menos de lo que nos gustaría y más de lo que esperábamos”, afirman acerca del anuncio de baja de retenciones que se hizo el 22 de mayo, en el acto por el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
El análisis de la consultora de empresas agropecuarias Zorraquin + Meneses interpreta las consecuencias de los dichos del presidente Javier Milei al anunciar la baja de retenciones para trigo y cebada, del 7,5% al 5,5% desde junio próximo, y un cronograma de reducción gradual para soja a partir de enero de 2027. Al día siguiente, el ministro Luis Caputo completó el cuadro extendiendo la medida al maíz, girasol y sorgo. La noticia fue sorpresiva, incluso para el propio sector, y eso, lejos de ser un defecto, es una virtud: Cuando las medidas se anuncian sin filtración previa, no hay tiempo para que el mercado especule ni para que la política “mercadee” con la expectativa.
La medida es positiva y va en línea con lo que el presidente siempre sostuvo, recordaron desde la consultora, los derechos de exportación (las retenciones) deben desaparecer. Pero lo que la distingue de gestos anteriores en el mismo sentido es algo concreto: Hay un cronograma. Por primera vez existe un plan de reducción con fechas, porcentajes y secuencia. Esa previsibilidad es lo que el sector demandaba.
«Quienes creemos que las retenciones deberían ser cero, no encontramos aquí el final del camino», advirtieron.
La soja arranca la reducción en enero de 2027 desde el 24% y llega al 21% a fin de ese año; y llegaría al 15% al final del 2028, en un hipotético segundo mandato. El costo fiscal estimado para la soja, en 2027, ronda los 300 millones de dólares, un número acotado que el propio gobierno presenta como prueba de que la medida no compromete el equilibrio fiscal. Y ahí está, precisamente, la clave de por qué esta baja puede sostenerse en el tiempo: Está calibrada para convivir con el superávit, que es la principal bandera económica de esta administración. Una retención que baja despacio pero con reglas claras y sin poner en riesgo las cuentas públicas, quizás tenga más chances de mantenerse en el tiempo, preferible a una baja brusca que después se revierta.








