“Es necesario el monitoreo de las napas y anticipar los problemas que se van a producir”

Cristian Álvarez es uno de los profesionales de la sede de INTA en General Pico que viene trabajando en la zona norte con un relevamiento de suelos, considerando la producción agropecuaria de la región. El ingeniero habló del control de napas y los cultivos con más absorción de agua.

Álvarez indicó que desde INTA Anguil se hace un seguimiento a través de la red de sensores remotos. A través de los satélites se recababan periódicamente las imágenes de La Pampa para transmitir esa información al gobierno, observando los suelos con agua en superficie y los que tienen problema de tránsito porque están saturados y tienen problemas físicos.

“Los suelos de La Pampa presentan diferentes situaciones por cómo nos encuentran en relación a los cultivos, teniendo en cuenta las secuencia y además el paso de lo pastoril a la producción agrícola, lo que implica una menor capacidad de absorción con los cultivos anuales. El agua se utiliza, en un promedio agrícola de 400 a 600 milímetros por año, pero con las lluvias muy abundantes una parte del líquido se queda en el drenaje profundo que constituyen las napas. Así se produjo una suba de las napas que están entre 80 centímetros y hasta un metro de la superficie en el norte de la provincia, sur de Córdoba y oeste de Buenos Aires. En años más secos eso ha servido para estabilizar los rindes de los cultivos y mantener las cargas de los sistemas mixtos. Pero ante eventos de lluvia con más volumen e intensidad los suelos han perdido capacidad de filtrar, y lo que no queda en el suelo se comienza a mover, variando su ubicación según las pendientes de los terrenos”, explicó.

Las napas dan la oportunidad de un segundo uso para los años con déficit, pero traen otros riesgos como la anoxia, con problemas de tránsito y anegamientos temporarios que implicarán el marcado del terreno y eso se puede remediar. El problema se evidencia donde las napas dejen sales, algunas serán solubles y se moverán con el agua de lluvia, como pasa en los ambientes con precipitaciones frecuentes. Allí, señaló Álvarez, hay que considerar la estrategia con las especies a utilizar, porque se deben adaptar los sistemas a las condiciones del ambiente.

“Los productores saben y cuantifican, ven lo que ocurre en sus suelos considerando las variables y aprovechando las especies más tolerantes  que producen pastos y además benefician al ambiente. Son pasturas que consumen entre 800 y 1.000 milímetros de agua por año. Cuando el balance de agua es normal esos cultivos van deprimiendo las napas, sirven de alimento a los animales y tienen un efecto positivo en el suelo al drenando agua, reduciendo el impacto de sales y mejorando la porosidad.  Por esa razón es necesario el monitoreo de las napas y anticipar los problemas que se van a producir”, afirmó.

Con esa problemática, están las herramientas de cobertura que servirán para proteger el suelo y que no asciendan las sales por el proceso de evaporación del agua.

Trabajamos con grupos de productores, viendo las situaciones  generales con un diagnóstico del suelo, reconociendo la sintomatología en la zona y dejando algunos consejos sobre las alternativas a implementar. Así se trabajó durante la última jornada que se hizo en la región de Eduardo Castex, también en Intendente Alvear y las próximas localidades a visitar”, concluyó.

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